Evolución del vidrio a través de los tiempos. Apuntes sobre diferentes tipos de vidrio, en especial el de borosilicato y su aplicación en la cocina.

Qué encuentras en este artículo?:
- Introducción.
- Historia y origen del vidrio.
- Composición del vidrio común.
- Historia del vidrio de borosilicato.
- Aplicaciones del vidrio de borosilicato.
- Estructura y composición del vidrio de borosilicato.
- Características.
- Cómo identificarlo.
- Formatos.
- Usos específicos de algunos utensilios de borosilicato en la Cocina.
- Algunas recomendaciones para garantizar que dure muchos años.
- Otros tipos de vidrio para la cocina.
- Conclusiones.
- Bibliografía.
Introducción.
Ciertos materiales y compuestos químicos carecen de una función en el cuerpo. El organismo experimenta dificultades para eliminarlos, lo que provoca que se acumulen de forma progresiva en órganos vitales a lo largo de los años. Este fenómeno, conocido científicamente como bioacumulación, puede generar finalmente toxicidad. Pueden ingresar a través de los alimentos, el agua que bebemos o el aire que respiramos, o el contacto con la piel. Entre los agentes tóxicos más ampliamente estudiados en la actualidad se encuentran los plásticos, el aluminio, el mercurio, el plomo, el arsénico, el níquel y el cadmio, entre otros.
La elección de materiales seguros en la cocina se presenta como una medida preventiva, ya que reduce la exposición a contaminantes por vías como la digestiva. Puede disminuir el riesgo de sufrir efectos dañinos tanto durante la etapa crucial de la gestación y desarrollo fetal como a lo largo del resto de la vida.
Historia y origen del vidrio

El vidrio natural ha existido durante millones de años en el planeta. La mayor parte de estas formaciones primigenias fueron de origen volcánico, generadas a partir de magmas que dieron lugar a rocas como la obsidiana. Orígenes naturales menos frecuentes, son los impactos de meteoritos sobre la superficie terrestre o la fusión instantánea de arena y suelo provocada por la caída de rayos.
Por su parte, el descubrimiento del vidrio artificial ocurrió hace aproximadamente 4500 a 5000 años, situándose cronológicamente entre los años 2500 y 3000 a.C.
Según los científicos, este hallazgo pudo vincularse al origen de la metalurgia y al desarrollo de la alfarería vidriada en la región del Creciente fértil, un territorio delimitado por los ríos Tigris y Éufrates que se extendía desde la costa mediterránea de Siria hasta el Golfo Pérsico. Los registros arqueológicos localizan su origen en el Antiguo Egipto y en la región de Mesopotamia, abarcando el actual Irak e Irán, posiblemente a finales del Neolítico en ese lugar y principios de la Edad de Bronce.
El historiador Cayo Plinio Segundo, recogió una famosa leyenda sobre este descubrimiento, aunque posee menor rigor científico que las evidencias arqueológicas. Según su relato, unos mercaderes fenicios que transportaban trona desembarcaron en la costa de Fenicia. Al preparar la cena sobre la arena de la playa, utilizaron bloques de este mineral para sostener sus ollas. El calor intenso de la fogata fundió la trona junto con la arena y, al enfriarse la mezcla, descubrieron el vidrio. Puede que en este relato haya parte de verdad, aunque los investigadores actuales argumentan que para que se formara algo de vidrio, la mezcla debería haber estado muchas horas en contacto con el fuego.
Haremos aquí un inciso para diferenciar estos materiales. En la naturaleza, la trona se puede encontrar en grandes depósitos como el de Green River en Wyoming, formado por la evaporación de un antiguo e inmenso lago. Etimológicamente, la palabra trona deriva del árabe tron, que a su vez proviene del griego nitron y este del término del antiguo Egipto ntr o netjeri, cuyo significado se asocia a lo puro, sagrado o divino, en referencia a esta sal nativa. De esta misma raíz lingüística proviene el símbolo químico del sodio en la tabla periódica, representado por las letras Na.
En el antiguo Egipto, el natrón se recolectaba de lagos secos y se empleaba en diversas aplicaciones; entre ellas ya figuraba la fabricación de vidrio. Posiblemente en aquella época utilizaban también cenizas de plantas como fundentes, y éstas puede que fueran usadas también para otorgarle al vidrio el color.
Aunque la trona y el natrón son minerales de carbonato de sodio muy emparentados y con fórmulas similares, no son exactamente el mismo, como tampoco lo es la nahcolita (NaHCO₃) que es bicarbonato de sodio en su estado mineral natural, (abundante en el estado de Colorado) y también es un mineral muy emparentado con los anteriores. En la actualidad, la industria estadounidense extrae la nahcolita del suelo y la purifica para obtener bicarbonato para uso humano sin recurrir a métodos químicos complejos . En contraste, el bicarbonato de sodio consumido habitualmente en Europa suele obtenerse hoy en día de forma sintética desde cero utilizando sal común, amoníaco y piedra caliza. Esto evidencia una clara distinción entre la génesis natural de los minerales (unidos entre ellos de forma habitual), y las sustancias puras aisladas mediante procesos físico-químicos para responder a las necesidades de cada época según la tecnología y el lugar.

La evolución histórica del vidrio artificial se divide en grandes etapas de innovación tecnológica. Hace unos 4500 años se crearon objetos vítreos, como cuentas de collar y pequeñas joyas. Los arqueólogos encontraron objetos de este tipo así como cuencos de obsidiana en la necrópolis de Ur.
Hacia el año 1500 a.C. en Egipto y Mesopotamia fabricaron los primeros recipientes huecos y vasijas, moldeando el vidrio alrededor de un núcleo de barro que posteriormente se retiraba. La producción en Egipto alcanzó su máximo apogeo durante la segunda mitad del segundo milenio antes de nuestra era.
Posteriormente, hace unos 2100 años, en el siglo I a.C. artesanos sirios descubrieron la técnica del vidrio soplado mediante el uso de una caña metálica, lo cual supuso un gran avance, abaratamiento de costes, y que dejara de ser un artículo de lujo. Esta técnica se trasladó a Roma y posteriormente se extendió a gran parte del imperio.
En España cabe mencionar el vidrio andalusí, cuyo desarrollo se dió a partir del siglo IX inicialmente en Córdoba.
Siglos más tarde, la industria experimentaría otra gran transformación debido al abaratamiento de la sosa comercial, mediante el método del químico francés Nicolás Leblanc a finales del siglo XVIII.
Composición del vidrio común.

Conocido científicamente como vidrio de silicato de sodio y calcio, es el más utilizado en todo el mundo y representa aproximadamente el 90% de todo el existente. Aunque existen muchas variedades clasificadas en vidrios no oxídicos (de aniones mixtos, metales vítreos, de oxisales u orgánicos), los vidrios de óxidos constituyen el grupo de mayor interés científico y técnico. La base es la arena de sílice.
El vidrio destaca por su capacidad de reciclarse infinidad de veces, suponiendo un ahorro sustancial de recursos naturales, energía y costes de fabricación; este reciclaje continuo ya se hacía en la antigüedad.
Su fabricación implica una profunda metamorfosis química impulsada por las altas temperaturas en los hornos. Los ingredientes base se introducen en distintas proporciones, variables: la arena de sílice aporta la estructura fundamental ( entorno al 70%) pero funde a temperaturas muy elevadas; el carbonato de sodio actúa como fundente (15%), permitiendo rebajar la temperatura de fusión de la arena desde los mil setecientos grados Celsius hasta cerca de los mil grados; y el carbonato de calcio se añade para otorgar estabilidad y durabilidad. Dependiendo de la aplicación final, también se pueden fundir otras materias primas y aditivos minoritarios. Con calor extremo, los carbonatos se descomponen y liberan dióxido de carbono en forma de gas, dejando como resultado una red interconectada de óxidos.
Al finalizar este proceso, el dióxido de silicio constituye el esqueleto transparente y resistente. El óxido de sodio mantiene la red molecular debilitada de forma controlada, lo que otorga al vidrio la ventaja de poder volver a fundirse y reciclarse a menor temperatura. Por último, el óxido de calcio actúa como el estabilizador que vuelve al material químicamente firme, duro y resistente tanto al agua como a los ácidos.
El dióxido de silicio (SiO2), se puede acompañar de otros óxidos metálicos que le confieren propiedades como el brillo.
Cuando las materias primas se licúan por el calor y se enfrían con rapidez, sus átomos no logran ordenarse en una red cristalina perfecta. A diferencia del cristal común, el vidrio es un material completamente amorfo. En su lugar, los átomos quedan inmovilizados en un estado de equilibrio dinámico regido por fuerzas eléctricas microscópicas, actuando prácticamente como un líquido congelado en pleno movimiento. Es fácil su moldeado en caliente. Posteriormente, mediante el proceso de recocido (un enfriamiento lento y rigurosamente controlado), el vidrio adquiere su resistencia física definitiva y consolida lo que conocemos como el estado vítreo.
La coloración del vidrio no responde únicamente a criterios estéticos, sino que cumple la función primordial de proteger el contenido de la radiación lumínica, sirviendo además como el criterio base para la clasificación y separación durante las fases de reciclaje. Cada tonalidad se logra hoy en día mediante la adición de sustancias específicas en la mezcla.

El tono marrón o ámbar se obtiene a través de un proceso químico en el que se añade a la mezcla óxido de hierro, azufre y carbono. Esto genera complejos de cromóforos de sulfuro de hierro que absorben casi la totalidad de la luz azul y ultravioleta, reflejando únicamente las longitudes de onda larga. Al ser el color que ofrece la mayor protección contra los rayos ultravioleta, es el estándar utilizado por ejemplo en envases de medicamentos.
Por su parte, el azul cobalto se produce mediante la introducción de óxido de cobalto, una tonalidad clásica muy empleada en botellas de aguas de alta gama, licores y recipientes de farmacia antigua.
El verde esmeralda se consigue de forma habitual mediante el uso de óxido de cromo, siendo común en botellas de refrescos y aguas gaseosas. Finalmente, el tono verde oscuro se genera combinando óxido de hierro y óxido de cromo, constituyendo el color tradicional por excelencia para la conservación de las botellas de vino tinto.
Durante los siglos previos y sobretodo a lo largo de la Primera Revolución Industrial, el vidrio expandió sus aplicaciones:
En el campo de la construcción y la arquitectura, aunque fueron los romanos los que alrededor del año 100 d.C. comenzaron a utilizar vidrio en las ventanas
La edificación de estructuras masivas de hierro y vidrio, revolucionó la agricultura con la creación de invernaderos a gran escala y transformó la botánica. Permitió recrear artificialmente los microclimas tropicales a gran escala, logrando mantener vivas por primera vez las plantas exóticas traídas de las expediciones coloniales. Esto transformó las exhibiciones en auténticos laboratorios vivos, donde los científicos demostraban públicamente su capacidad para descifrar y replicar los ecosistemas del planeta.
La óptica y la instrumentación científica experimentaron un gran avance que permitió la fabricación de lentes de vidrio correctoras para gafas, lupas, microscopios biológicos y telescopios avanzados. Paralelamente, la técnica de recubrir láminas de vidrio con mercurio o plata, perfeccionada en el siglo XIX, permitió la producción de espejos.
En el sector de la iluminación, el vidrio cumplió un papel protector en las lámparas de aceite y queroseno. Hacia la década de 1870, Thomas Edison y Joseph Swan recurrieron a bulbos de vidrio común para sellar al vacío los filamentos de las primeras bombillas eléctricas.
Con los sistemas de conservación de alimentos a partir del siglo XVIII, como el método Appert y posteriormente la pasteurización, los frascos de vidrio se volvieron indispensables para la industria de las conservas. En el ámbito doméstico, la producción se aplicó además a la vajilla de uso diario.

Historia del vidrio de borosilicato.
La industrialización impulsó que técnicas milenarias en la fabricación del vidrio cambiaran. El vidrio de borosilicato es un ejemplo más, ya que se diseñó para uso científico e industrial.
Hemos visto que el ingrediente base del vidrio es la arena de sílice, y se añaden otros materiales según diversos objetivos. En Alemania, y por necesidades de la industria, en la década de 1880 el químico y tecnólogo del vidrio Otto Schott, junto con el físico Ernst Abbe y el óptico Carl Zeiss desarrollaron vidrios especiales y ópticos de alta precisión para microscopios y telescopios. Otto Schott descubrió que al sustituir parte del óxido de calcio y de sodio por óxido de boro, el vidrio resultante se expandía mucho menos al calentarse. El vidrio de borosilicato tiene un coeficiente de expansión térmica muy bajo, lo que evita que se rompa con cambios muy bruscos de temperatura (el vidrio normal tolera cambios relativamente progresivos). Así se dió solución por ejemplo a los faros de los ferrocarriles, faros de gas de las calles, matraces de laboratorio o termómetros industriales. En 1893, la empresa de Schott comenzó a comercializarlo bajo la marca Duran. La empresa estadounidense Corning Glass a principios del siglo XX modificó la fórmula para hacerla apta para alimentos y se lanzó al mercado la marca Pyrex.

Aplicaciones del vidrio de borosilicato.
A lo largo de los siglos XX y XXI, el vidrio de borosilicato ha demostrado ser uno de los materiales más versátiles de la era industrial. Su capacidad para soportar condiciones extremas ha permitido su expansión hacia diversos campos.
En biomedicina y ciencia en laboratorios de química y biología, facilitando la producción masiva de ampollas, tubos de ensayo y placas de Petri para el cultivo de bacterias. Actualmente, se usa en medicina avanzada como vidrio bioactivo que, mediante la adición de otros componentes, se emplea en la regeneración de tejidos y como agente antimicrobiano, además de su presencia en diversos dispositivos médicos.
En el sector de la energía y la sostenibilidad, se utiliza en la fabricación de calentadores solares. Dentro de la industria óptica y el sector aeroespacial, en espejos de grandes telescopios y ventanas protectoras de naves espaciales.
En las telecomunicaciones y la electrónica, se aplica como sustrato y componente aislante en microchips y sistemas ópticos avanzados. Por su parte, la iluminación de alta potencia se beneficia para diseñar focos de estudios de cine, proyectores y luces de aeropuertos.
En el ámbito de la industria pesada y la seguridad ambiental, en tuberías industriales conductoras de sustancias altamente corrosivas y en el proceso de vitrificación para el almacenamiento seguro a largo plazo de residuos nucleares.
Finalmente, en la agricultura se aplica en investigaciones y en el desarrollo de vidrios fertilizantes de liberación controlada; en la impresión 3D como una base de impresión ideal para evitar que las piezas se deformen o se despeguen durante el proceso; y sigue siendo un elemento clave en la fabricación de utensilios de cocina duraderos, pudiendo algunos de ellos ir al fuego directo.
Estructura y composición del vidrio de borosilicato.
A nivel de su composición y estructura molecular, este material está constituido principalmente por sílice y trióxido de boro, habitualmente en proporciones cercanas al 80% y 13% respectivamente. No obstante, esta formulación es variable según su finalidad; una de sus composiciones químicas de referencia incluye aproximadamente un 70% de sílice, 10% de óxido bórico, 8% de óxido de sodio, 8% de óxido de potasio, 1% de óxido de calcio y 2% de óxido de aluminio.
Los primeros estudios sobre la estructura de los vidrios bóricos, realizados por Biscoe y Warren mediante difracción de rayos X, postularon un modelo reticular basado en unidades estructurales de coordinaciones triangulares planas de BO3. La adición de boro altera su composición atómica, otorgándole una alta resistencia mecánica, mayor dureza contra arañazos e impactos leves, y una extraordinaria transparencia que no se empaña ni pierde nitidez con el tiempo.
A diferencia de los vidrios de silicatos tradicionales, donde la incorporación de óxidos modificadores debilita la red y deteriora sus propiedades, los vidrios de borato presentan un comportamiento singular conocido como «anomalía bórica». Inicialmente, la introducción de iones alcalinos provoca el efecto contrario: un progresivo fortalecimiento de la red molecular hasta alcanzar un punto máximo de concentración, a partir del cual el entramado vuelve a debilitarse.
Asimismo, este material destaca por presentar amplias zonas de separación de fases vítreas. Dentro de un rango crítico de temperatura, generalmente entre los 500 y 850 grados Celsius, se activa este fenómeno de inmiscibilidad, permitiendo la coexistencia de tres fases líquidas separadas, un comportamiento que ha sido corroborado mediante estudios de microscopía electrónica.
Características del vidrio de borosilicato.
Así, para la práctica podemos afirmar que es un material no poroso que no atrapa olores ni sabores, lo que garantiza una higiene máxima, evita la acumulación de bacterias y facilita la limpieza sin necesidad de productos abrasivos. Además, ofrece una alta resistencia a las manchas y al desgaste provocado por ácidos y detergentes y además resiste los cambios bruscos de temperatura.
Al ser químicamente inocuo e inerte, no sufre lixiviación (la liberación de sustancias tóxicas) ni reacciona con los alimentos, sin importar si son ácidos o alcalinos. Está completamente libre de plomo, cadmio, BPA y otros metales pesados, lo que lo convierte en una opción segura, saludable e ideal para personas con alergias o intolerancias metálicas. Por ello, está catalogado como material GRAS(Generally Recognized as Safe) por la FDA y cumple con los estándares internacionales ISO 3585 y ASTM E438.
A nivel estructural, la adición de boro altera su composición atómica, otorgándole una alta resistencia mecánica, mayor dureza contra arañazos e impactos leves, y una extraordinaria transparencia que no se empaña ni pierde nitidez con el tiempo. Aunque su producción es ligeramente más costosa que la del vidrio común, resulta altamente rentable y sostenible: bien cuidado dura décadas, es apto para lavavajillas y se puede reciclar infinitas veces, reduciendo el impacto ambiental.
Respecto a su uso térmico, tolera cambios bruscos de temperatura y soporta hasta 760 °C. Es apto para hornos, microondas y cocinas de gas o eléctricas. Sin embargo, conviene matizar: mientras que ciertos utensilios de borosilicato (como teteras o jarras) están diseñados para el fuego directo, las fuentes para horno (incluidas muchas de la marca Pyrex) no deben exponerse directamente a la llama. Para un uso directo y extremo en fogones, materiales como la pirocerámica siguen siendo superiores. Como únicas desventajas, cabe señalar que es más pesado que otros materiales y, al fin y al cabo, sigue siendo vidrio, por lo que mantiene el riesgo de romperse si sufre una caída fuerte.
Cómo identificarlo.
Al momento de adquirir estos productos, el etiquetado puede incluir los términos Borosilicato, 3.3 o Simax. Sin embargo, en la práctica es muy frecuente que el material se comercialice sin ninguna marca visible en su superficie. Por esta razón, para garantizar la seguridad y autenticidad del artículo, lo más recomendable es buscar fabricantes que aseguren la calidad mediante especificaciones técnicas oficiales, hojas de datos o certificaciones bajo las normas ISO correspondientes. Asegurar el origen y los estándares de fabricación de estos utensilios es un paso indispensable para disfrutar con total tranquilidad de sus propiedades.

Formatos.
En el menaje del hogar, este material se materializa en una gran variedad de utensilios cotidianos que aprovechan al máximo sus propiedades. Para comprender su uso correcto, es fundamental diferenciarlo de otros compuestos similares. Por ejemplo, las ollas aptas para fuego directo suelen estar fabricadas en pirocerámica, un vidrio cerámico que originalmente era de color blanco opaco y que no contiene boro en su composición. En estos conjuntos, el vidrio de borosilicato suele reservarse para las tapas, las cuales son aptas para el horno convencional pero no deben exponerse directamente a la llama.

En cambio, otros utensilios enteramente de borosilicato sí están diseñados específicamente para el fuego directo, como ocurre con ciertas jarras para calentar agua y teteras. Estas últimas suelen incorporar coladores del mismo material para facilitar la infusión. El borosilicato también es la base de las vaporeras y de cafeteras de goteo o de prensa francesa; en el caso de los sistemas de filtrado por goteo, se recomienda combinarlas con filtros de papel sin blanquear. El filtrado es una opción recomendable, al asegurar una preparación saludable del café.


Los recipientes de almacenamiento y fiambreras resultan ideales para conservar alimentos tanto en la nevera como en el congelador. Al congelar, es aconsejable optar por tapas fabricadas con materiales seguros, como el bambú. En caso de utilizar tapas plásticas, se sugiere retirar la cubierta antes de introducir la base en el microondas para garantizar mayor seguridad.
Por su parte, las sartenes elaboradas con este vidrio ofrecen una alternativa libre de tóxicos, aunque su manejo difiere de los modelos convencionales al carecer de antiadherentes artificiales. Su uso requiere conocer las preparaciones adecuadas y emplear siempre una base grasa o líquida. El secreto consiste en calentar el recipiente antes de añadir el aceite; de lo contrario, la comida puede pegarse con facilidad o generar una capa quemada difícil de retirar, lo que aumenta el riesgo de rayar la superficie si se realiza una limpieza demasiado agresiva.

En tareas de precisión, los vasos medidores graduados permiten cuantificar con exactitud el volumen de líquidos e ingredientes sólidos.
Los vasos y vajillas de doble pared representan una innovación destacada: al contar con dos capas de vidrio separadas por una cámara de vacío, proporcionan un aislamiento térmico eficiente que permite sostener recipientes con líquidos hirviendo sin riesgo de quemarse.
Este principio de aislamiento se lleva al extremo en los termos con interior de vidrio y exterior de plástico, los cuales albergan ampollas reflectantes de borosilicato. Su funcionamiento se basa en tres elementos coordinados. Una doble pared compuesta por dos botellas unidas exclusivamente por el cuello. El vacío absoluto generado en el espacio intermedio, el cual actúa como una barrera térmica al eliminar el aire necesario para la transmisión del calor por conducción o convección. Este sistema se complementa con una finísima capa de nitrato de plata aplicada en las paredes interiores que genera un efecto espejo, logrando que la radiación térmica rebote hacia el interior si el contenido está caliente, o hacia el exterior si está frío. Finalmente, la carcasa plástica externa cumple una función protectora para absorber los impactos cotidianos, aunque un golpe severo o una caída fuerte pueden llegar a romper la ampolla interna.

Usos específicos de algunos utensilios de borosilicato en la Cocina.
Las técnicas de cocinado y manipulación con este material requieren adaptaciones específicas debido a su naturaleza térmica, la cual difiere notablemente de la del metal. Al principio, factores como el tiempo necesario para alcanzar la temperatura deseada o la gestión de los ingredientes pueden requerir un periodo de aprendizaje. Por ejemplo, al preparar guisos de carne, pescado o verduras en recipientes de vidrio, resulta práctico sellar los ingredientes primero. Sin embargo, una vez dominada la técnica, las sartenes y ollas adaptadas permiten realizar una amplia variedad de tareas que van desde hervidos, estofados y cocción al vapor, hasta saltear verduras, pochar alimentos, sellar carnes o cocinar crepes.
Para el uso seguro de estos recipientes en vitrocerámicas o placas eléctricas convencionales, existen dos condiciones. En primer lugar, el fabricante debe indicar explícitamente en las especificaciones que el producto es apto para este tipo de superficies; en el caso de la inducción, algunos modelos incorporan un disco adaptador magnético en su base. En segundo lugar, en caso de duda se puede utilizar un difusor de calor metálico colocado entre la placa y el recipiente de vidrio, lo que distribuye la temperatura de manera uniforme y evita el choque térmico por contacto directo. Esta resistencia al choque es un factor diferenciador importante en el mercado actual. En las últimas décadas, muchos fabricantes sustituyeron el borosilicato por vidrio templado para abaratar costes en el menaje común. No obstante, en el mercado europeo, firmas de referencia como Pyrex mantienen la fabricación con borosilicato auténtico, siendo Francia el líder productor en este sector.
En el ámbito del horneado, el material ofrece ventajas singulares. Aunque tarda más tiempo que los metales en acumular el calor inicial, una vez caliente permite que la temperatura penetre de manera completamente uniforme en el recipiente, reduciendo el riesgo de que los bordes de los alimentos se quemen. Asimismo, es el aliado perfecto para el marinado y las cocciones con ingredientes altamente ácidos.

Finalmente, es útil para preparar conservas, esterilizando frascos de forma repetida y pudiendo sumergir el frasco hermético con el alimento en su interior en agua hirviendo ( aunque el vidrio normal también se ha utilizado clásicamente para hacer conservas al baño María, el de borosilicato tiene menor riesgo de romperse). En los procesos de congelación, presenta un riesgo de rotura muy inferior al vidrio común.
Algunas recomendaciones para garantizar que dure muchos años.
Para garantizar que estos utensilios conserven sus propiedades y duren muchas décadas en condiciones óptimas, protegiendo así nuestra inversión, basta con seguir una serie de pautas básicas de cuidado. La manipulación diaria debe ser precavida, procurando depositar siempre los recipientes sobre superficies estables o adecuadamente protegidas con salvamanteles para evitar impactos que puedan fisurar el material.
Asimismo, aunque el borosilicato posee una tolerancia térmica extraordinaria, es aconsejable evitar someterlo a fuentes de calor directo extremas. Nunca se debe colocar un recipiente completamente vacío sobre la llama a máxima potencia desde el inicio, ni activar de golpe los niveles de potencia más altos en placas de inducción o vitrocerámica. Los incrementos graduales de temperatura son la mejor estrategia para protegerlo.
Por último, su limpieza debe realizarse con delicadeza. El uso agresivo de esponjas metálicas o estropajos de alambre puede generar microarañazos invisibles a simple vista que, con el paso del tiempo, lo debilitan . Por lo general, basta con emplear agua tibia, el jabón lavavajillas habitual y una esponja suave. Las esponjas metálicas deben reservarse únicamente para casos excepcionales y aplicarse frotando de forma muy suave exclusivamente sobre la zona afectada. Para prevenir la formación de restos quemados difíciles de eliminar en la base de ollas y sartenes, la mejor medida preventiva es añadir siempre una cantidad suficiente de base grasa o líquida antes de iniciar la cocción.
Otros tipos de vidrio para la cocina.
El vidrio común mantiene un papel primordial en la cocina actual. Cantidad de alimentos y conservas se venden actualmente en este formato. Más allá de las conservas y de forma específica en el hogar, trasladar los alimentos ya sean comprados a granel o empaquetados en plástico a tarros de vidrio nuevos o reutilizados al llegar a casa es útil por sí mismo para su conservación. Tanto en la nevera como a temperatura ambiente, el vidrio ofrece una protección de calidad. Bien sellado, aísla por completo los alimentos de la humedad ambiental, el oxígeno y los insectos, lo que prolonga la vida útil de los productos secos a temperatura ambiente (como legumbres, arroz). Sin embargo, el éxito de este almacenamiento depende directamente de las tapas. Al reutilizar frascos, es fundamental revisar que las tapas metálicas no presenten óxido ni abolladuras y que su junta interior de goma esté completamente intacta para asegurar un cierre hermético. Las tapas, si son metálicas, se desgastan y deben renovarse periódicamente o cambiarse por nuevas para garantizar la máxima seguridad alimentaria.
Junto a las aplicaciones del borosilicato, hay otros vidrios por los que podemos optar, refiriéndonos a vajillas de vidrio laminado u otras como las de vidrio templado.
El vidrio de tres capas destaca por ser extraordinariamente resistente y ligero a la vez. Su fabricación se basa en un proceso de fusión que une tres capas de vidrio, disponiendo una sección interna blanca entre dos capas externas transparentes, las cuales se someten posteriormente a un templado químico mediante un baño de sales de potasio a altas temperaturas. El resultado es un componente hasta tres veces más fuerte que la cerámica común frente a caídas, impactos, arañazos y astillamientos. Su superficie carece de porosidad, impidiendo la retención de bacterias, manchas u olores, y es plenamente apto para su uso en microondas, lavavajillas y congelador.
Y finalmente, el vidrio templado de sodio y calcio, extendido para el menaje de uso diario (Duralex es una marca típica). Este material consiste en vidrio común sometido a un tratamiento térmico extremo de calentamiento y enfriamiento rápido. Este proceso multiplica por dos y medio su resistencia a los impactos en comparación con el vidrio convencional. Su principal ventaja de seguridad radica en su forma de rotura: se desintegra en pequeños trozos redondeados y romos. Al igual que los anteriores, es un material no poroso y libre de toxinas. Su estabilidad térmica le permite soportar cambios bruscos de temperatura de hasta 130 grados, lo que lo hace idóneo para contener líquidos hirviendo y para su introducción en microondas y lavavajillas y es una opción bastante económica.
Conclusiones.
Los diferentes tipos de vidrio analizados resultan idóneos para el uso cotidiano en la cocina conociendo los distintos usos y precauciones y son especialmente recomendables durante la gestación. Los mencionados, con la aplicación correcta, por sus propiedades intrínsecas y por carecer de esmaltes perjudiciales, no tienen reportes de toxicidad o liberación de sustancias nocivas, con lo que se consolidan como una buena opción en términos de seguridad alimentaria.
Bibliografía.
- Navarro, José María Fernández. El Vidrio. Editorial CSIC- CSIC Press, 2003.
- Diversas webs especializadas en los temas mencionados.
- Búsqueda en Google académico, Pubmed, Cocrhane.
- Carlos, P. B., & Liduvina, S. Q. (2018). Metales pesados: fuentes y su toxicidad sobre la salud humana. Heavy metals: sources and his toxicity about human health. Revista de Ciencias, 2.
- Paneque-Quevedo, A. A., Díaz-García, A. M., & López-López, N. (2023). Naturaleza química del vidrio y su impacto en la sociedad. Revista Cubana de Química, 35(1), 105-124.
- Durabilidad química y lixiviación (Elsevier / Nature)
- Del Gaudio, S., Sglavo, V. M., & Albertini, G. (2024). Comparative study of the structure and durability of glass types for food contact. npj Materials Degradation, 8(1), Article 14. doi.org
- Cita de la revisión estructural en ScienceDirect: Elsevier. (s.f.). Borosilicate glass – an overview. ScienceDirect Topics. Recuperado el 15 de octubre de 2026, de sciencedirect.com
- Cita de la revisión sobre la no toxicidad del boro (2021):Bolt, H. M., Basaran, N., & Duydu, Y. (2021). Toxicity of boric acid, borax and other boron containing compounds: A review. Toxicology Letters, 337, 74-81. doi.org (Nota: Indexado en PubMed con PMID: 33485927).
- Cita del estudio de exposición en productos de consumo: Pahl, M. V., Culver, B. D., & Strong, P. L. (1999). Boron exposure from consumer products. International Journal of Toxicology, 18(1), 47-53. doi.org (Nota: Indexado en PubMed con PMID: 10050914). Evaluación de seguridad del vidrio borosilicato (PubMed).
- Sobre la aplicación en medicina:
- Bellucci, D., Fontanini, C., Anesi, A., Orlandi, L., & Cannillo, V. (2024). Borosilicate bioactive glasses with added Mg/Sr enhances human adipose-derived stem cells osteogenic commitment and angiogenic properties. Journal of Materials Science: Materials in Medicine, 35(1), 114. doi.org.
- Wang, X., Hou, T., Xu, X., Yang, Y., Li, S., Jiang, p O., & Wei, J. (2024). Borosilicate bioactive glass synergizing low-dose antibiotic loaded implants to combat bacteria through ATP disruption and oxidative stress to sequentially achieve osseointegration. Bioactive Materials, 35, 102–115. doi.org
- Villavicencio Kseiri, M. (2025). Síntesis, caracterización y funcionabilidad de andamios de vidrio bioactivo dopado con Zn, Cu y aceites esenciales para regeneración ósea (Doctoral dissertation).
- Wikipedia en general, y concretamente:
- https://www.quimica.es/enciclopedia/Vidrio.html
- https://es.wikipedia.org/wiki/Vidrio
- https://es.wikipedia.org/wiki/Vidrio_borosilicatado
- Google 2026, Gémini.
- Imágen descargada de bombilla: pixabay
- Imágen botella azul: Pxhere
- Foto de la vidriera en espiral: Library of Congress. Carol M. Highsmith. Unsplash.
- Foto fuente de horno. Alesia Kozic en pexels
- Foto termo retro de vidrio en pxhere
- Imágen cafetera press francesa pxhere
- Tetera de vidrio con miel y té: pexels
- Foto vidrio soplado: pixabay
- Foto estanteria con botes de vidrio: Leandro de ToUnsplash.
- Foto botella vidrio y playa. pixabay
- Foto conserva de fruta. pixabay
- Foto portada: tetera infusión y vapor: pixabay
- Imágen mujer chef con sartén: generada con Magnífic
- Sartén de vidrio con verduras: generada a través de la I.A de google.


